Ordenando mis apuntes de mi vida como estudiante de Ingeniería Civil Industrial, encontré este texto premonitorio de mi despedida como tal...
Discurso sin método.
Exordio:
HOY DIRÉ LO QUE NO DIGO, HABLARÉ LO QUE NO HABLO, NO DIRÉ NADA...
Nada que os pueda ofender, nada que os pueda molestar, nada que hiera vuestras percepciones más íntimas.
Para lograr mi objetivo, sembraré la duda, como la semilla que destila vida, a la espera del riego apropiado, dejaré al silencio que confirme mis osados destellos, mis enhiestas ideas.
Conduciré mi barca por las tórridas aguas del recuerdo y pronunciaré una cristalina campanada y mi laringe buscará el contacto del agua que tan grata me es, para formular la pausa que refresca y que me ayudará a matar el olvido, con su acuciante silencio.
Dejaré que las ideas se plaguen con los hechos de lo que ocurre, y los pasos silenciosos del que ayer engendraran la olvidada agonía de lo que no fue, pero el macabro silencio de las horas me dirán que ya es tarde, que la noche puja por desvanecerse dando paso al día y que ese día logrará hilvanar otras nostalgias...
Cada vez que imagino el estridente paso de los buses, no puedo evitar la idea de congestión y atropello, de desorden sin rumbo, como el salpicar de las goteras de agua que las canaletas vacías y rotas jamás podrán encaminar. No obstante, el ruido se comprime y desvanece frente al majestuoso y gigantesco mar de la eternidad..
Y la forma subyace en el fondo del hoy y la hora deformada me pregunta cuánto tiempo ha esperado para enterarse que ya no es, que se diluyó en un suspiro, que se fue tras el bullicio que murió justo en el silencio del último suspiro, para dar paso al sueño, parte de otra vida, de otros estados, de otras realidades tan repletas de elementos, pero inconsistente y sutil como el aire.
Donde voy nadie me espera, ni el silbido del aire en las hojas del acacio es capaz es capaz de percibirse en la mañana yerta, ni el grave tono de la musa Ensoñación acompañará mis pasos. ¡Qué importa!..., si en cada paso, al final de mi zapato, está el límite de mi único camino descubierto, del camino que conduce a parte alguna pero que todos ustedes deben transitar. de igual modo...
Mi camino es tu camino, lo inventamos cada día, y en cada paso circular, algo se muere y algo nace, algo vive y perdura, aunque sea por una efímera eternidad, porque así la percibimos cuando los nefastos hechos nos abruman o la cálida plenitud del amor nos arroba.
Hoy me marcho, pero esto no es un adiós, no es una despedida, me marcho con toda la soltura que me proporciona mi alma, y sin embargo estoy con ustedes... Pero esta partida no es otro que un continuo retorno desde mi ser interior hasta el margen exterior de tu ser... No es tan grave marcharse si sabes que la curvatura del tiempo siempre te llevará al mismo sitio, no importa si transcurren eones o un pequeño suspiro por un amor lejano.
Hoy me marcho, pero vuelvo a estar con ustedes, a compartir este espacio-tiempo, esta co-ontogenia, este trozo de realidad que nos reúne y nos hace humanos, en donde acunaremos los sueños que “ad eternum” nos alimentaran el alma para decir que estamos vivos, que en nuestras casas nos esperan y que, cuales guerreros de sombras, le hemos hecho un guiño a la oscuridad para reunirnos y decir: nuestro futuro está más cerca. Somos un sueño, somos un sentimiento, somos la universidad... Gracias.
Mi despedida como Estudiante de Ingeniería Civil Industrial de la Universidad de Santiago de Chile.