martes, 25 de agosto de 2015



Humildad y Dignidad
Para quienes se sienten en libertad de pensar por sí mismos…
Unas pequeñas reflexiones sobre dos virtudes humanas muy mal interpretadas en nuestro tiempo: La humildad y la dignidad.

La humildad siempre te condena a recibir menos de lo que mereces, en todo tipo de situaciones… y a conformarte con ello… total, eres humilde y como tal, siempre serás pisoteado.

¿Quién predica la humildad?  Una iglesia caduca que da por sentado que la humildad es una virtud para el pueblo… Una iglesia que sirve a los intereses de caudillos, gobernantes, y reyes, como un elemento de control de muchedumbres…

¿Cuál es el ancla en donde se apoya la humildad?: Es el sentido de culpa… Una iglesia caduca, para llevarte a tu condición humilde, te enseña que eres culpable de pecado… incluso de aquél pecado que nunca has cometido v.g.: el pecado original…

En cambio: La iglesia no te enseña dignidad… porque la dignidad es una virtud privativa y sólo reservada para caudillos, gobernantes y reyes… A ellos se les reconoce como Dignatarios… ellos, según las enseñanzas de la iglesia, son poseedores de dignidad…

Sin embargo, la dignidad vive en tu propio ser y te da un sentido y dirección para tu vida…
No sucede lo mismo con la humildad, por cuanto te transforma en un cordero del rebaño… No conduces tu vida, te conducen, te guían pastores.

La dignidad te obliga a recibir lo que mereces, porque no vales menos ni más que otra persona, en todo tipo de situaciones… Cuando recibes menos que otras personas, la dignidad te obliga a pedir la diferencia o a luchar para establecer un nuevo tipo de relación que compense tus anhelos…

De la dignidad surgieron las luchas por la emancipación de los esclavos… La esclavitud: condición indigna para un ser humano.

De la dignidad surgieron las luchas reivindicatorias de los obreros, para mejorar sus condiciones laborales y sociales… Es de justicia, el trabajar en condiciones dignas…

La dignidad, cuando florece en el corazón de las personas, las despierta y las lleva a surgir y a luchar por un futuro mejor. El fundamento verdadero de la dignidad no es el poder, sino el hecho de que todos los seres humanos somos hijos del Creador.